REGGAETON depende de las gotas de "picante"

Desde niña la alegría del baile, su fuerza, su energía me fue transmitida desde mi abuela, pasando por mi madre y ahora condensada en mi cuerpo y en mi mente como algo fantástico que me encantaría explotar. Soy Angélica Suárez Saavedra y estudio Comunicación Social – Periodismo en la Universidad del Quindío y ésta es la historia de mi pasión.


Soy de Cali y de familia, por parte de mi madre, muy alegre, amante a las fiestas, a las viejotecas, a los ‘agua e’ lulo’… A LA ALEGRIA DEL VALLE. Mi madre siempre me inculcó el baile y así no lo hiciera era normal para mi ver vueltas, pasos mágicos y mucha música en mi hogar. Desde ahí aprendí a bailar, a observar pasos, crearlos o intentarlos cuando los veía en televisión.


Cuando ocurrió el terremoto me fui a vivir un año a Cali, cuando volví a la tierrita donde vivo (Armenia) estuve un tiempo en Fundanza bailando danzas folklóricas al igual que en las porristas de la Normal Superior del Quindío con sus maravillosas coreografías, y fue con esta disciplina donde aprendí que lo que me gustaba era la fuerza y la alegría que esto transmite, el pop, el dance, los saltos, las maniobras es hasta ahora mi gran regocijo.


Lo más marcado en mi vida fue la llegada a Colombia del odiado por muchos, vanagloriado por otros… el famosísimo ‘Reggaeton’ y con el la alegría de sus pistas (haciendo a un lado las letras de las canciones) el ritmo me encanto desde que entró a mis oídos. Con este arribe musical también llega mi oportunidad de sacar todas mis ideas de baile, mis movimientos sacar ese yo reprimido por mucho tiempo, ya que de niña salía mucho con mis amigos del barrio pero hubo un momento en mi vida en el que me estanque en mi casa haciendo trabajos del colegio…

asi que sólo era la niña bonita de la casa 49.


Las fiestas en mi casa, que en un tiempo eran todos los fines de semana y en las fiestas de Armenia no perdonaba ni siquiera un dia, fueron mostrando lo que yo podía hacer y a empezar a ser reconocida por este talento. Sin embargo, la primera vez que me di a conocer de verdad fue un dia en el que llegó una tarima de Boston para hacer una fiesta en el barrio y hubo un concurso de baile. Mis amigos me incitaron, subí y gane… era la primera vez en tarima y con ello la sensación tan grande de nervios, de adrenalina, de satisfacción p

or transmitir con el baile tanta energía y la alegría de triunfar. Después de ello todo el barrio supo la ‘licuadora’ que había en mi (jajaja).


Después de esto llego Rumba Stereo a Armenia, me hice amiga de los Dj’s y todo iba normal hasta que hicieron la convocatoria para las ‘Chicas R de Rumba Stereo’ y por instinto me inscribí a ver que sucedía. La primera Chica R era una de las jurados, Dahiana, con su encanto, su cabello negro y largo, sus buenos movimientos demasiado atrevidos siempre se ganaba las miradas del público, ya fuera para buenos o malos comentarios. Se inscribieron 32 chicas y con eliminatorias, votaciones por internet y el apoyo de la gente quedamos Pily y yo… asi que ya éramos 3 las bailarinas oficiales de Rumba.


En ese tiempo, en el 2006, yo ya estaba en la Uniquindío estudiando Tecnología en Electrónica, iba en segundo semestre y aún no me explico cómo hacía para repartir el tiempo con los trabajos de la academia, con los ensayos con las bailarinas de la emisora y con lo ensayos de el grupo de danzas modernas de la universidad, que después del reinado de facultades de la U, me hicieron partícipe de un baile de salsa entre otros géneros.


Con los de Rumba íbamos a los municipios a bailar, ya fuera acá en el Quindío o en el norte del Valle, nos acompañaba Richard Romero y Primo, un dúo de reggaetón que promocionaba la emisora y a su vez éramos las bailarinas de aquel grupo.


Hubo un momento en ese paso de mi vida que quedó siempre en mi mente y que logró dar un giro en mi concepción de bailarina. Nos entrevistamos, con el dúo de los muchachos y las bailarinas, con un productor de reggaetón. Según él había sido productor de Tito El Bambino, entre otros. Primero nos entrevistamos las bailarinas con el, yo, las acompañe para que vieran que no era sólo una bailarina

, ya que Pily no había podido ir y yo tenía por encima de todo mi estudio en la universidad, asi que no tenía un uniforme ni nada por el estilo. El señor nos trato como un objeto con forma femenina a la hora de hacer las correcciones de nuestro cuerpo, cabello, uñas… cogía a mi compañera de los lados de los senos para mostrar como se podía poner cinta en ellos para hacerlos mas voluptuosos…la cogía como si hubiera cogido tantas mujeres que tocar una mujer con esa cercanía parecería tocando una muñeca de exhibición. Lo que en verdad me marcó e igual la Universidad me tenía del cuello, me tocó salirme de toda actividad de baile pero el comentario de ese señor se quedó por siempre en mis recuerdos:


"Ustedes deben de bailar sin brasier en la tarima, con las uñas bien arregladas y con publicidad en el trasero porque eso vende. Las bailarinas de reggaetón son las p@tas que el público no toca".


Eso me marcó tanto, me sentí tan vulnerable o no se como explicarlo… como tan sucia que desde ahí dije NO VOLVERE A SUBIRME A UNA TARIMA… no soy una cualquiera como para rebajarme de esa manera. Igual yo siempre he bailado con mucha pulcritud, con alegría y entusiasmo pero no de la manera que me imagine cuando ese ‘señor’ pronunció esas palabras.


Con ello, le acompañó el cierre de Rumba Stereo, se dispersó el grupo de baile y Richard Romero y Primo no volvieron a aparecer.


La verdad ahora tengo otra perspectiva del baile del reggaetón, para mi, todo depende de cómo transmitas el mensaje con tu cuerpo y por ende asi lo tomará tu público. Me he subido a tarimas, a concursos de alguna discoteca por 'una' de aguardiente pero no con una coreografía montada como siempre he querido volver a hacer. Es una experiencia tan fantástica... transmitir con el cuerpo tantas cosas, moverse al son de la música, ya sea ese género, o hip hop (que me encantaría aprender a bailar bien al igual que el break dance) pero todo depende de las gotas de picante que quieras darle a saborear a la gente que te observa.

La Dignidad No Se Recicla


La situacion economica, los accidentes y la viabilidad llevan a un hombre honesto y humilde a trabajar por casi toda su vida para un oficio que para unos es denigrante y para muchos muy respetable: El Reciclaje.

Pedro Nel Valencia Gil, oriundo de Quimbaya-Quindio, es considerado uno de los recicladores mas queridos de la urbanizacion el limonar. Lleva 49 de sus 62 años realizando este arduo trabajo que a consecuencia de la escases de recursos en su hogar de niñez comienza a reciclar junto con un hermano en vista de que el trabajo de su padre, la venta de jabon y panela en medellin no dejaba tantas ganancias como el reciclaje.

De niño quizo ser maestro de obras o arquitecto "me gustaba los edificios, las construcciones" afirma. logro estudiar hasta 4º de primaria y con este titulo logro, después de varios años, obtener una tarjeta profesional de tecnico en construcción. "Yo mezclaba la construccion con el reciclaje, pero a raiz de los accidentes la construccion me dejo muy decepcionado": Don Pedro tuvo accidentes con este oficio pero fue en el año de 1995 cuando cayo de un tercer piso de una bodega en Circasia con lo que perdió un riñon y ahora lo tiene artificial, se abrió la cabeza y se dislocó la cadera, que hasta ahora no ha podido mandarse a operar. Comenta Don Pedro que no ha querido volver a trabajar en este trabajo, "Es un acto muy desagradecido no volver a trabajar en eso pero esto solo me ha generado perdidas".

Don Pedro vive en Tebaida y viaja casi todos los dias a trabajar en Armenia y como afirma él "del cuero salen las correas", con lo que consigue ahorra para los transportes o pide prestado para desplazarse hasta su casa. "El ranchito" como le llama el a su humilde casa ubicada en este municipio del Quindío, es una gran habitación con un "planchón con escaleras para subir" y no tiene techado toda la casa. Él, a pesar de que tiene hijos, pero se encuentran en Ecuador y hace años no los ve, vive solo o a veces comparte su casa con otras personas.

El, como muchos otros recicladores de buen corazón, recibe los obsequios que le da la gente, ya sea ropa o carton y si la ropa no le queda o es para algun niño el los recibe y los regala a quien lo necesite en Tebaida o en caso tal los vende, "con eso recojo unas "moneditas" y las ahorro para el pasaje".

Muchas personas miran de forma despectiva a las personas que realizan este tipo de labores, pero se puede notar que a veces sólo es cuestión de ponerse en los zapatos del otro e imaginar como fue el mundo que ha vivido que lo lleva a levantarse tan temprano todos los dias a reciclar lo que a veces la gente por pereza no selecciona o deja de hacerlo por "es el trabajo de los recicladores". Por su parte Don Pedro concluye que no le da pena de su trabajo, porque este no es deshonroso, peor fuera que estubiera haciendole un mal a la gente o robándola.





La Dignidad No Se Recicla (pregunta - respuesta)


Pregunta-respuesta:

Realizado por: Angélica Suarez Saavedra

Entrevistado: Pedro Nel Valencia Gil

1. ¿Porque es usted reciclador? ¿Qué lo llevo a esto?

Fue por accidente, porque trabajaba en la construcción y hasta 1992 fue que me empezó a ir mal con eso y me dedique casi de lleno al reciclaje. Ya antes lo había hecho y me iba mejor.

2. Usted nombra que le fue mal con la construcción, ¿Qué sucedió para que lo dejara?

Antes había tenido varios accidentes pero en el 95 me caí de un tercer piso en unas bodegas de Circasia y me abri la cabeza, perdi un riñon y me disloque la cadera. Logre tener un riñon artificial pero no he tenido los recursos para la cirugía de la cadera. Desde eso trabajo muy poco la construcción.

3. ¿Desde cuándo había comenzado a reciclar?

Desde muy niño, casi desde los 13 años cuando nos fuimos para Medellín con mi familia y el trabajo de mi papá en las fincas no daba para los gastos de la casa. Fue por eso que comencé con un hermano a vender panela, jabón o a reciclar. Nos iba mejor reciclando.

4. ¿Desde hace cuanto vive acá?

Me vine para Armenia hace más o menos 40 años, pero yo naci en Quimbaya. Mis hermanos se quedaron en Medellín y yo me vine solo para acá.

5. ¿Usted consiguió un titulo escolar o de bachiller?

Yo solo estudie hasta 4º de primaria, con eso logre conseguir una tarjeta profesional de técnico en construcción.

6. Si se le hubiera dado la oportunidad ¿Qué le hubiera gustado estudiar profesionalmente?

A mí me gustaban los edificios, las construcciones, me hubiera gustado ser maestro de obras o arquitecto. Creo que en ese sentido si logre algo de lo que quería ser pero a raíz de los accidentes la construcción me dejo muy decepcionado.

7. Don Pedro, ¿Usted vela por un hogar?

No, yo vivo solo. Tengo hijos ya grandes de 25 y 30 años pero viven en Ecuador y esposa no tengo; me separe hace muchos años de ella.

8. ¿Tiene contacto con sus hijos?

La verdad no, solo sé que están en Ecuador porque ellos nunca me visitan y no hay como comunicarnos. Hace muchos años no los veo.

9. ¿En qué parte vive?

Yo vivo en Tebaida y viajo casi todos los días a Armenia. Con lo que recojo del reciclaje viajo hasta acá o a veces la gente del barrio me presta para el transporte, “la gente del Limonar es muy querida conmigo”.

10. ¿Cómo logro hacerse a su casa? ¿Cómo es?

Con el reciclaje logre hacerme a mi “ranchito” porque la construcción solo me dejo perdidas. Mi casa es solo un cuarto grande con un planchón, unas escaleras para subir y ya. No todo está techado.

11. ¿Dónde vende lo que consigue?

El cartón lo vendo acá en Armenia y la ropa que a veces me regalan para niños o que no me sirva me la llevo y la regalo en Tebaida o la vendo. Con eso gano “moneditas” y ahorro para el transporte.

12. ¿Ha llegado a sentir vergüenza por su trabajo?

A mí no me da pena hacer esto, “el trabajo no es deshonra”, peor sería que estuviera por ahí haciéndole males a la gente o robándola. Es un trabajo en el que no tengo que mendigarle a nadie para que me de empleo o mendigarle para que me paguen.

Lo cotidiano cambia con las fiestas




José y yo esperábamos a que comenzara el evento. Llevábamos media hora, sentados con nuestra cámara análoga y cuaderno en mano, esperando a que diera inicio el famoso 'yipao'. El olor a expectativa se sentía en el ambiente; las personas iban de un lado a otro
tratand de encontrar una ubicación apropiada para ver el desfile o buscando entre la gente a las personas con las que quedó de encontrarse. Ése sábado 10 de octubre, el día estaba seco, más seco que todos estos días de verano; no venteaba, el asfalto traspiraba calor y el sol, tenue pero cadente, hacía que el estar ahí sentados fuera realmente agotador. Era raro ver tanta gente acumulada en aquel sitio. El round point de 'tres esquinas', como es llamado por los habitantes, normalmente esta lleno de carros circulantes, de buses que llegan de los municipios aledaños o del valle, de tractomulas, de buses de uso público que se dirigen al sur de la ciudad y sólo se ve circular gente que viva en los alrededores o los viajeros que se bajan del bus con sus maletas en ese sitio para abordar taxi. Pero ese día las cosas habían cambiado por completo. La publicidad realizada
para tal evento había logrado movilizar mucha gente en toda la carrera 18, por donde transitaría el yipao y mas aun en eses sitio, donde practicamente comenzaría el desfile.

Era gracioso ver como el 'pueblo' de Armenia, sin distinción de estratos, se aglomeraba en la calle; se veía la gente del sector popular al lado de las chicas 'play' con cara de "esta gentuza ¿qué?", pero igual todos compartían un mismo espacio, una sola situación.

Los niños preguntando: -mami, ¿por qué no comienza?-, mientras se comen un delicioso helado, helado vendido por una de las muchas personas que aprovechan las festividades
para vender sus productos,
varios de ellos vendedores informales con venta de globos llenos de helio con múltiples colores, la señora con su puesto de mango y forcha, la madre,no se si lo era, con sus niños cargando los baldes llenos de hielo y cerveza en lata para la venta.

El sudor hacía brillar todos los rostros desconocidos que había en la glorieta, muchos de ellos protegidos con sombrilla o con la mano contra el sol deslumbrante que hacia el occidente iba corriendo muy muy lento en busca de ocultarse, ya acompañado de esto las personas se ventilaban con abanicos con publicidad de 'une', con las viseras de 'telmex', con la publicidad de las fiestas aniversarias Armenia 120 años o simplemente con la mano.

Estas fiestas habían sido destinadas a la familia, con eventos como teatro infantil, desfile con las mascotas, atracciones mecánicas. deportes extremos, entre otros, que buscaban la integración del hogar mas que la rumba y el trago, y el yipao era una fiel representación de unión familiar y en muchas de ellas se destacaba que hasta el perro los acompañaba. La gran mayoría tenían mascotas pequeñas, los mas comunes eran los perros freinch poodle que son típicos en las familias quindianas.

Por otra parte, como en todo buen evento que atraiga muchas personas, habían muchos policías que se ubicaban a lo largo de la carrera o en la glorieta en el lado de la carrera 19. Ese día había caos vehicular ya que el yipao se había apropiado de la carrera 18 y todos los carros debían movilizarse por la otra calle 'la de bajada' para entrar o salir de Armenia, por ende era normal que personas que fueran para el desfile, como yo, llegaran mas tarde de lo previsto.

"¡Comenzó el desfile!" y con él las fotografías; nosotros por un lado, tomando fotos académicas, y por otro, las personas del común que llevaban sus cámaras digitales o los celulares. En ese instante miramos alrededor y vimos que en ése sitio se habían congregado muchos de nuestros compañeros para hacer el mismo trabajo de nosotros, al igual que varios medios de comunicación que empezaban sus notas desde el comienzo del evento. Llevaban distinción del medio para el que trabajaban, gorras, equipos de alta calidad para hacer el cubrimiento, mientras nosotros con la cámara análoga prestada por un vecino, con mas de 30 años de edad, sólo teníamos cara de principiantes.